lunes, 14 de marzo de 2016

¿Será que nací en el sur?


De repente José dijo: te acordás, me llamaste la noche del golpe. Esta sola frase justifica que nos hayamos encontrado, luego de tantos años de caracoleos y fugaces encuentros. Algo teníamos para decirnos y bastante para escuchar (...) Bifurcaciones, derivaciones y colisiones habíamos tenido muchas. Pero comprobábamos una vez más que el primer despertar a la política forja un nucleo vivo que tiene más razones para pervivir que para acatar las infinitas posibilidades de reniegos posteriores. Me sorprendí, al releer los pliegos (...), al ver nuestras historias personales sometidas ante tanta fragilidad. ¿Para qué hablar entonces? Nunca responderemos bien a este acertijo. ¡Si las biografías se componen de una materia inasible! ¡Si ni siquiera podemos sentirnos aptos para la tarea confesional! (...) Para qué hablar, si en el fondo no deberíamos dar importancia a historias personales donde la materia prima del miedo actuó más que el vigor crítico y autocrítico de la política sin más. ¿De dónde sale la vocación de hablar de lo que es propio del gabinete insondable de la conciencia de uno? Ese "uno" es precisamente un ser que podría no esgrimir ni desear buscar el hilo conductor de una vida. ¿No tiene derecho a hacerlo? Sí, pero debería sospechar que no puede contar con sentido verdadero su propia historia, o considerar que para hacer valederos ante otros un fragmento del pasado personal, se precisaría un arte narrativo de densidad superior que haga legítimos los madrigales de una existencia que no pudo ser sino un conjunto de frases que no ensamblan bien entre sí. Pero aquí está el manojo de páginas donde José y Horacio intentan ver algo así como el peso inocente de sus vidas paralelas, el reverso exacto de una heroicidad añorada por inexistente, esquiva. Al releerlas sólo vemos un punto de interés. El modo en que llegaban hacia los márgenes de nuestras existencias flotantes o intermediarias -en la espuma periférica de los acontecimientos- los acentos más terribles de una época.

Horacio González, "Prólogo" a Historia y pasión. La voluntad de pensarlo todo. (Feinmann, González y Pavón. Colección Espejo de la Argentina. Buenos Aires, Planeta, 2013)

Gracias, Alan.

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